49 goles espectaculares

El chispazo que lo cambia todo

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“49 goles espectaculares”, de Davide Martini

49-goles-espectacularesUn chispazo. Es todo lo que necesitamos para darnos cuenta, para entender que crecemos; que los años suman y las experiencias agotan; que el sudor recorre los cuerpos; que el sexo no amaina las tormentas, sino que las vuelve más crudas; que nos miramos en el espejo y puede que no nos reconozcamos, que aunque la imagen que aparece en el reflejo sea la misma, ya no somos nosotros mismos. Conocerse, madurar, amar por primera vez y sentir, con el escalofrío que requiere, el primer abrazo de amor, la saliva que se mezcla en dos bocas, que recorre la garganta y nos da la vida o nos la quita, lo mismo da. Crecer, en plena adolescencia, cuando todo el mundo es nuestro, pero él intenta escaparse una y otra vez, sin sosiego, sin poder evitarlo. 49 goles espectaculares es como ese momento, como ese pequeño chispazo, en el que todo cambia y ya no vuelve a ser lo mismo nunca, porque el camino se bifurca, los atajos ya no sirven, y lo más importante es mirarnos, reconocernos, y sentir que dentro, por mucho que seamos hombres y mujeres, lo que de verdad importa no es a quien amemos, sino vivirlo, con tanta intensidad y tanta pasión, que un simple beso pueda convertirse en el partido mejor jugado del mundo. Porque seguimos creciendo, siempre, mientras una mirada, una caricia, una palabra, puede detener el universo y hacernos explotar, como en el Big Bang, cuando encontramos otro cuerpo que ya no es otra cosa que nuestro hogar.

Lorenzo sueña con ser escritor y afronta el último año de instituto. Allí llega Riccardo, un chico enigmático que le hará cuestionarse todo lo que había conocido hasta el momento, desde su futuro más inmediato hasta la forma de amar. Porque en la realidad, en la eterna realidad que nos absorbe, puede encontrarse la verdad simplemente en el silencio que precede al primer beso del primer amor.

Las novelas que hablan de una generación se cuentan por millares. Las novelas que hacen emocionarse, pueden caber en los diez dedos de una mano. Siempre que empieza un año nuevo, hago borrón y cuenta nueva y me dedico a escribir aquellas historias que, por una razón u otra, más me han tocado como lector, que me han enseñado algo, que me han recordado el por qué de mi gusto por la lectura, el por qué de haber vivido de la forma en la que lo he hecho. Davide Martini juega en este partido en forma de novela con los recuerdos de nuestra adolescencia, creando una época que muchos de nosotros hemos vivido, con la ternura y la dureza a la vez, con la que descubrimos quiénes éramos y luchamos por seguir lo que de verdad deseábamos hacer. La literatura LGTBI – lésbica. gay, transexual, bisexual e intersexual – ha creado para todos los que la conocemos, personajes que se han convertido en arquetipos de lo que fue descubrir lo que sentíamos, sentir los primeros besos, enamorarnos por primera vez, y que aquello nos doliera, que sufriéramos por los silencios, por los malentendidos, por la ausencia. Supone así, esta novela, un paso más en crear un espacio para que todos nos unamos y reflexionemos, pensemos, en aquellos instantes en los que nuestra identidad, quiénes somos, quiénes necesitamos ser, se convierten en la realidad misma, en forma de palabras que, unidas, nos llevan por las grietas que nuestro cuerpo ha intentado, siempre, sellar sin conseguirlo.

El amor, universal, tan completo en lo incompleto, tan silencioso como atronador, tan herida como solución, se convierte en 49 goles espectaculares en el eje central de la historia de Lorenzo, un joven como muchos que, con ese chispazo del que hablaba al principio, entiende que ama, que lo hace con vehemencia, que lo busca en otro cuerpo parecido al suyo, mientras a su alrededor van yendo hacia delante las vidas de sus amigos, sus familias, sus estudios, añadiendo preguntas hasta ese momento inexploradas para él. Es, entonces, una búsqueda de la identidad que Davide Martini resuelve con solvencia, con la calma de los fotogramas de las películas antiguas, paso a paso, describiendo los inicios de un amor, de dos hombres, de dos personas, que son el salvavidas del otro, eslabones de una misma cadena, igual que el resto del mundo, que lo único que buscan es un lugar, un espacio, un mundo, en el que un beso no suponga una guerra ni un escondite, en el que un abrazo no lleve aparejados susurros, en el que el amor, sea del tipo que sea, se convierta en la puerta tras la que, al cruzarla, sabes que has llegado a casa.

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