Catarsis

¿Un final a la altura?

“Catarsis”, de Erik Axl Sund

catarsisEl término “catarsis”, según la RAE, posee diferentes significados. Uno de ellos es “Eliminación de recuerdos que perturban la conciencia o el equilibrio nervioso”. La mente, como en un juego bastante macabro, juega con nuestra percepción y nos hace asistir a actos que escapan a nuestra comprensión, delitos que nos estremecen, o a lagunas que no sabremos cómo llenar con los recuerdos que tenemos en nuestro poder. ¿Somos depredadores? ¿Simples animales que intentan alimentarse del más débil? ¿Hay naturalezas que implican pervertir a los más pequeños desde el principio? Son preguntas para un especialista, ya lo sé. Pero parémonos un momento a pensarlas. Trauma juega con estos interrogantes en esta última parte de la trilogía creada por Erik Axl Sund dirigiéndonos con paso firme hacia un desenlace que, si no es el que todos hubiéramos querido, al menos nos muestra claramente una cosa: no hay motivo más clásico que la venganza para armar toda una historia donde el crimen, la violencia, y la verdad, son un cóctel lo suficientemente explosivo como para mantener la mirada y no poder quitarla. El ser humano destruye su vida, la de los demás, y estamos a punto de descubrir el por qué de todo. Sólo queda leer un poco más.

Jeanette Kihlberg se enfrenta a los últimos coletazos de su caso más importante. Lo que parecía un simple asesinato de jóvenes sin futuro, ha resultado ser algo mucho más grande. Junto a ella, Sofia Zetterlund seguirá indagando en las vidas de todos aquellos que destrozaron la existencia de Victoria Bergman, una persona que puede que, en realidad, no sea quién todos cree que es. Y es que, a veces, la realidad es el coto de caza privado de algunos para alimentarse de los demás.

Cuando se llega al final de una trilogía, uno se plantea todo aquello que ha estado leyendo en los tres volúmenes que la componen. Hablé en Persona del ritmo pausado y más dado a la descripción que a la acción de la historia, centrándose en crear el ambiente para una introducción de lo que estaba por venir; en Trauma nos metíamos de lleno en una carrera entre la vida y la muerte, donde primaba la acción a la reflexión, con un ritmo más acelerado y que se agradecía en su lectura; y ahora llegamos a Catarsis donde se vuelve a los orígenes, con un tempo en la lectura más lento y cercano a desentrañar todos esos interrogantes que se nos habían planteado en los meses anteriores. ¿Cumple, por tanto, su cometido este último libro? Lo hace con un elemento claro: llevarnos a la raíz, haciéndonos descender a los mismos infiernos en ocasiones, convirtiendo la lectura en una especie de terapia que está llegando a su fin y que va a dejar en evidencia todo lo que se nos había pasado por alto hasta el momento. Hay que reconocer que Erik Axl Sund saben dosificar los ingredientes para crear una buena historia, y aunque con algunas decisiones no estoy de acuerdo por parecerme demasiado descabelladas, la integridad de la novela salva la meta y da lo que prometía desde un principio. Es como si estuviéramos leyendo un informe al completo de toda una vida echada a perder.

No sé si podremos ver, en un futuro, una adaptación al cine de Los rostros de Victoria Bergman, pero en cualquier caso se nota el lenguaje cercano al audiovisual, haciendo al lector convertirse en un pequeño espectador que ve, a través de las imágenes creadas por las letras, todo un puzzle donde las piezas van encajando poco a poco. Catarsis es el último paso, la última escena, el momento final que se espera y que, cuando llega, tiende a no cumplir con las expectativas – en el caso de haberlas tenido – porque como exigentes que somos pretendemos que los personajes vayan por donde les hemos marcado nosotros. Erik Axl Sund han creado una disección sobre la mente humana y los juegos de las personalidades bastante realista – salvo alguna excepción que puede perdonárseles por motivos de efectismo -, que sirve de entretenimiento para aquellos que, como yo, busquen en la novela negra algo significativo o que sea diferente, bien sea por su contexto, bien por lo que encierra algunos de los personajes, o porque a veces, la resolución de un crimen nos hace entender que nadie saldrá ganando. ¿Es, por tanto, y como reza la faja que trae consigo el libro “lo mejor que le ha pasado a la novela escandinava desde Stieg Larsson? Probablemente no. ¿Es, por tanto, una novela interesante y dispuesta a enfrentarnos – y entretenernos – con lo sórdido del ser humano? Definitivamente, sí.

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