Crónicas de ciencia improbable

La ciencia absurda de la realidad

“Crónicas de ciencia improbable”, de Pierre Barthélémy

cronicas de ciencia improbableAsí como la muerte tiene su propio premio irónico – los conocidos Premios Darwin a la muerte o accidente más absurdo de todos los tiempos -, con toda la literatura que venera a la Parca por encima de todas las cosas, ¿por qué no habían de tener otro premio los experimentos científicos más delirantes de la humanidad? Pues sí, los tienen, y para aquellos que no los conozcan, se llaman Ig Nobel, que es algo así como un premio para los experimentos que, sobre bases científicas – presumiblemente – han logrado crear teorías a cual más absurda e improbable, pero que han sido publicados y, por qué no decirlo, llenado de risas a aquellos que han tenido el placer de leerlos. Y para amenizar este frío helador que está empezando a asolarnos, la editorial Blackie Books debió pensar que por qué no editar un libro con todas aquellas investigaciones que no cambiaron el mundo, pero que pueden cambiar nuestro estado de ánimo. Porque la ciencia es un bien necesario, eso no hay que dudarlo, pero también puede proporcionarnos momentos de hilarante comicidad que, puestos en un mismo libro, pueden darnos cuenta de varias cosas: 1) que el mundo está realmente loco, 2) que lo que tú pensabas que no podía ser cierto, lo es, o al menos se intuye que lo sea y 3) que tratar, únicamente, a la ciencia como un conocimiento que implica superioridad es tan erróneo como pensar que si te cruzas con un gato negro ya vas a tener mal día para los restos. Hay que saber divertirse, y quien no comparta el sentido del humor con todos nosotros, permitidme, pero está más cerca de ser visitado por, como la llama Pierre Barthélémy, la Huesuda.

Una colección de experimentos que, de no haber sido ya creados, tendrían que haberse inventado para que nos demos cuenta que, por mucho que lo digamos sin creérnoslo, la realidad supera muchas veces a la ficción.

Pierre Barthélémy es un periodista muy conocido allá por tierras francesas que lleva un blog en el periódico Le Monde donde pretende “popularizar la ciencia sin traicionarla” – para los interesados, pueden echar un vistazo al mencionado blog aquí -. Hasta aquí la pequeña biografía del autor que nos interesa. Porque está claro que este mundo tan caótico, la ciencia es uno de los puntales básicos que permiten que el futuro se vaya creando, hasta ahí todos de acuerdo, pero no es menos cierto que algunos experimentos pueden hacernos carcajearnos hasta de nosotros mismos por el simple hecho de que, en un momento determinado, a un investigador se le ocurrió la brillante idea de ponerlos en práctica – y, ¿qué sería de nosotros sin esta poca falta de vergüenza? Un mundo más aburrido, sin duda alguna -. Crónicas de ciencia improbable nos adentra en el mundo surrealista de experimentos como, por ejemplo, el de comprobar si el bostezo de una tortuga es contagioso o no, aquel que intentaba explicar por qué la fila que está a nuestro lado siempre avanza más deprisa, o por ejemplo, uno de los misterios más populares del universo: ¿por qué la tostada siempre cae del lado de la mantequilla? Si vosotros, como yo, ha jurado en hebreo cada vez que las vueltas de la tostada han acabado aplastando el alimento contra el suelo, en una especie de masa pringosa que, después, hemos tenido que limpiar entre maldiciones, prepárense para descubrir una explicación absurda sí, pero no exenta de fórmulas matemáticas.

Si esto fuera una especie de Gran Hermano – ¿lo es ya? – lo que nos propone Pierre Barthélémy en su libro sería algo así como darnos cuenta que quien nos observa no es más que un becario que tiene mucha mala leche y que, en realidad, se ríe de nosotros. Porque sí, es cierto, no hay que desdeñar nunca lo que la ciencia puede aportarnos, pero no por ello hay que entender que todo lo que venga de esta disciplina sea relevante. Crónicas de ciencia improbable es humor, es irreverencia, es cinismo e incluso ironía, pero en todos los casos, sin duda, es experimentación. Una especie de reposo que, para todos, conjuga los mejores elementos que buscamos de vez en cuando en las lecturas: a) la realidad contada de forma divertida, b) que el sentido del humor es un bien escaso pero que hay autores que nos lo proporcionan sin temor alguno y c) que si tú y yo estuviéramos en la misma sala, de un experimento de los que aquí aparecen, nos miraríamos con cara rara, pero seguiríamos adelante. Tú no lo sabes, pero puede que en tu casa, en estos mismos instantes, tengas una idea tan histriónica que se merezca el próximo Ig Nobel. Porque como bien dice Julio Iglesias en los fajes que aparecen por doquier: tú eres ciencia, y lo sabes.

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