El azul es un color cálido

Todos amamos

“El azul es un color cálido”, de Julie Maroh

El-azul-es-un-color-calidoSomos seres que aman, que odian, que sufren o que se alegran. Todos y cada uno de nosotros vive, se vive, a sí mismo, a los demás, como interruptores que se encienden y se apagan con una simple caricia, con una mirada furtiva al cruzar los cuerpos, con una gota de saliva traspasada de una boca a otra. Tantas vidas como personas, tantas emociones como cuerpos se reflejan en la imagen que nos devuelve el espejo. Poco importa los sexos, los géneros. Poco importa, digo, que el objeto del deseo comparta nuestros rasgos, puesto que el amor, el que se siente, el que no se evita, el que provoca los silencios más sonoros del mundo, es universal. El azul es un color cálido no es una historia nueva, ni siquiera tiene el placer de ser una novedad literaria, pero lo que sí tiene en su interior es que los sentimientos que evoca perduran más allá de su lectura, porque fue allá en el 2011 cuando fue editada, y ahora, aquí, en este 2015, tras una adaptación cinematográfica, tras el paso inexorable del tiempo y de la memoria que se difumina por las calles, sigo pensando en ella, sigo reecontrándome en sus páginas a todos aquellos que algún día dijeron que ya bastaba, que el amor también era cosa de ellos, que renunciaban a esconderse y a vivir según los parámetros de quiénes intentaron gobernarles la vida. Un canto, por tanto, a la liberación y a la libertad, a sentirse uno mismo, a querer sin tener miedo a hacerlo, y una historia de amor, tan real y cautivadora, que tras la última de las viñetas sólo se impone el silencio, la ausencia de la palabra. Sólo se importa, vivir.

Clementine conoce a Emma. Y todo su mundo cambia. Porque lo que Clementine no sabía es que esa chica de cabellos azules iba a convertirse en la persona que caminaría con ella, en paralelo, para el resto de su vida.

No hay que extrañarse al decir que esta novela, cuando fue adaptada al cine, abrió las mentes – y a otros les escandalizó, peor para ellos – por su explícita relación entre dos mujeres que, tampoco hay que olvidarlo, han sido las grandes escondidas en la literatura y en el cine. Por ello, cuando leí El azul es un color cálido lo hice, primero, sin tener mucha idea de lo que me iba a encontrar; segundo, atrapado por la recomendación entusiasta de una compañera librera; y tercero, porque su portada me llamó desde el principio. Esta última razón puede parecer absurda, pero no lo es. Observad esa mirada de reojo, esa espalda erguida, el pelo cayendo por la cara, ahí, en esa imagen tan en apariencia neutra se esconde lo que muchos hemos deseado que sea el amor: la mirada del otro, en la que reconocernos. Sí, es verdad que es una historia de dos mujeres que se aman, de dos mujeres que encuentran su pasión y la viven, pero lo que también es verdad es que aquí, en ese rincón parapetado entre los pliegues del deseo, también es una historia para todos los públicos, para aquellos que quieran encontrar un rincón donde amar y ser amados, donde reconocer que el objeto de nuestro deseo no es elegido, que simplemente aparece, que recorremos nuestro camino con él, y que, en ocasiones, la vivencia no exime del dolor o, precisamente por eso, por vivirlo, rezuma las pulsaciones que un golpe deja en nuestra piel. Porque fallamos, nos equivocamos y en esos errores es donde comprendemos que, de nuevo, esa mirada, la que Julie Maroh compone, es lo realmente importante.

La provocación está en la mirada de quien ve, de quien observa, de quien pone significado en las imágenes que contempla. ¿Por qué, por tanto, se escandalizan algunos ante el amor entre dos mujeres, ante una historia que es tan cierta como la de un hombre y una mujer? El azul es un color cálido es la vida, es ese amor que enfermo y sano a veces, recorre las venas de quien lo siente, es el silencio y la palabra, es el todo y la nada, ese agujero en el estómago cuando nos enamoramos, pero también ese hueco que deja el que se ha ido, son los años que pasamos observando la vida que pasa, la que se detiene al otro lado de la cama, cuando alguien respira con nosotros, para nosotros e, incluso, contra nosotros. Y no lo podemos evitar, y tampoco queremos. Porque sobre todo, ante todo, la historia que Julie Maroh trajo al mundo fue un grito que desterraría a tantas voces que pensaban que, cuando se ama, importa de quién lo hagas.

Os dejo el trailer de la adaptación, titulada La vida de Adele:

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