El hombre en el castillo

Un clásico reeditado

“El hombre en el castillo”, de Philip K. Dick

hombre-en-el-castilloPhilip K. Dick es posiblemente la personalidad más influyente y reconocida dentro de la ciencia ficción de la segunda mitad del siglo pasado. Desde que en 1962 saliera del anonimato con este Hombre del Castillo hasta su muerte acaecida veinte años más tarde, este espíritu sensible, ambicioso y visionario tuvo tiempo de sobras para rebasar los estrechos marcos que encorsetaban su género hasta el punto de convertirse en icono de la contracultura, pionero de viajes lisérgicos a lomos del LSD y como consecuencia de esto y aquello, abanderado desquiciado de todo tipo de aventuras conspiranoicas en las que interpretó sucesivamente los papeles de enemigo del pueblo, mesías y enviado de los extraterrestres, y que terminaron sumiéndole en un colapso mental los últimos años de su vida. Vivió modestamente, y solo los royalties que proporcionaba su fama creciente y los derechos de sus obras implicados en futuros taquillazos cinematográficos, impidieron que muriera en la ruina. Su producción es extensa y variada para alguien que vivió solo 54 años. Escribía compulsivamente al ritmo de estimulantes que le permitían concluir obras maestras en pocas semanas, al tiempo que lo alejaban más de la realidad y le ayudaban a confundirla con sus creaciones. Es complicado encontrar una obra más intrínsecamente unida a la personalidad de su autor.

Philip K. Dick puede considerarse uno de los padres de la “ucronía”,  subgénero literario que plantea un presente y futuro alternativos a raíz de un suceso imaginario que provocó en el pasado un desarrollo de acontecimientos diferente al actual. Es por tanto, un relato histórico referente a un plano alternativo de la existencia. Pocas novelas desarrollan esta idea más consecuentemente que el Hombre en el Castillo, donde ya la sugerente portada de esta reedición de Minotauro nos pone en antecedentes con una esvástica cuyo fondo lo componen las barras y estrellas de la bandera americana. Partimos pues de un momento presente a comienzos de los años 60, donde el orden mundial consecuente después de la II guerra mundial (que terminó en 1947) nos muestra una victoria combinada del Reich Alemán y el imperio japonés que han dado con un mapamundi bastante diferente al que conocemos, y en el cual los Estados Unidos están repartidos entre las dos vencedoras, dejando una estrecha y despersonalizada franja central de territorio “nativo”. La llamada solución “final” ha erradicado no solo a los judíos sino a buena parte de la población negra de África Central. Viviendo su particular “guerra fría”, ambos contendientes se miran de reojo esperando cual va a ser el próximo movimiento de su rival.

Pero “El hombre en el castillo” no es únicamente el fresco histórico de una época. Es también un interesantísimo estudio de los personajes que se mueven por él: Dobles agentes, diplomáticos, anticuarios, fugitivos, y dominando el tablero, la enigmática figura de Hawthorne Aberdsen, el creador subversivo que parece conocer las respuestas a los enigmas de su tiempo.

En definitiva, un festín literario para los amantes de la historia, la ciencia ficción y de una de las prosas más dinámicas y sorprendentes del pasado siglo. Especialmente indicado para los que conocen a Philip K. Dick únicamente como el autor de Desafio Total o Blade Runner

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4 comentarios en El hombre en el castillo

  1. Paranoias literarias que enganchan al lector, para que después digan que las drogas son malas… Ángel nos mete el gusanillo en el cuerpo con tan buena reseña. Gracias!

  2. Ángel Pontones // 7 febrero, 2015 en 12:49 // Responder

    Gracias por tu comentario, Mercedes. Dick es uno de los pocos argumentos que puedo encontrar a favor de las drogas (aunque viendo como acabo, en contra de las drogas también)

  3. este ya lo tenemos en casa, mi novio lo leyo y yo estoy esperando que baje la pila de lecturas que tengo en la mesilla para añadirla :)

  4. Si lo que queda en esa pila de lecturas tiene la calidad de esta novela, te auguro un 2015 literariamente estupendo, Adonita.

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