El nadador en el mar secreto

El mar interno que nos arrastra

“El nadador en el mar secreto”, de William Kotzwinkle

el nadador en el mar secretoTras la aparente austeridad que conforma la cubierta de una obra, puede esconderse, erigirse, un pequeño terremoto que zarandea cuerpos, que resquebraja y ensancha las grietas que han permanecido escondidas, como en un juego infantil, pero que siempre han estado ahí, esperando quizás el momento oportuno, el libro perfecto, el texto indicado, para aparecerse ante nuestros ojos para desvelarnos, para revelarnos la sencillez con la que, algunos actos de la realidad, ponen a prueba nuestras vidas, convirtiéndonos en pequeños héroes que hacen girar los engranajes que les han permitido seguir adelante hasta el momento. Se impone, por tanto, un momento de quietud, un silencio tras las letras, un descubrir mientras las lágrimas, que ruedan tímidas por las mejillas, convirtiendo en océano lo que al principio sólo había sido un pequeño río. El nadador en el mar secreto es todo aquello que vemos en los resquicios en los que la vida y la muerte se unen, en esas esquinas en las que la sombra apaga la luz que se había creado minutos antes, un dolor agudo pero que intenta mitigarse poco a poco, con las palabras, con la ternura que guardan dentro avistando como un pájaro la tragedia que ya ha llegado y ante la que tenemos que enfrentarnos para sobrevivir a un solo corte, a una incisión que puede cambiarlo todo, destruyendo una respiración, provocando que unos pequeños pulmones nos hielen, por instantes, el aire que tendría que recorrer cada uno de nuestros conductos.

Laski y Diane son una pareja que están a punto de traer al mundo a su hijo. Lo preparan todo, se dirigen al hospital, pero allí sucede algo que va a terminar con la fotografía que habían construido.

william kotzwinkle

William Kotzwinkle

Vuelvo de un viaje. El autobús se balancea por la carretera, como si el aire lo estuviera meciendo, y abro la obra de William Kotzwinkle y empiezo a conocer a Laski y Diane, una pareja como las muchas con las que nos hemos cruzado en nuestro día a día. La felicidad, los nervios que horadan la piel, el camino a un nuevo futuro que cambiará el presente que se había ido construyendo hasta el momento. Los hijos, un recién nacido que con su pequeño cuerpo cambiará la realidad más inmediata, entrelazando la ternura con el miedo de ser buenos o malos padres, mientras las luces de un hospital se divisan en el horizonte y es ahí, en esa fachada que tan pronto da la vida como la quita, donde ya no serán dueños de lo que les suceda. Y así es como, mientras paso a paso vamos descubriendo su historia, El nadador en el mar secreto se convierte en un instante en ese poso que recubre cada poro de la piel y que hace compañía después de un largo día, tras otro viaje más corto que te llevará a casa y en el que cerrarás este libro, como yo lo hice, preguntándome cómo era posible tratar una tragedia con tanta ternura, cómo era posible que el dolor se convirtiera en abrazo, en una palabra que reconforte, en el movimiento de una pala que con su sonido metálico se clavará en los oídos hasta que el final, hasta que ese punto y final, llene los sentidos que minutos antes habían permanecido anestesiados. Y es que el abrazo de la realidad puede llegar a ahogar con tanta fuerza que, quizá precisamente por eso, lo que aquí se guarda es tan intenso y tan tangible, provocando que seamos capaces de vivir lo que está sucediendo, evocando para nosotros las caras de Laski y Diane, de su hijo, de la lucha, de la esperanza que se pierde entre las raíces que se esconden bajo la tierra.

¿Cuántas veces ganamos?, me pregunto. ¿Cuántas perdemos sin haber sido conscientes de ello?, sigo reflexionando. Cuando el duelo, el silencio que queda tras la marcha de alguien, cuando las manos ya no sostienen un cuerpo en el que el aire no ha llegado a entrar nunca, ¿cómo es posible recuperarnos? ¿cómo podremos no odiar esa realidad injusta que nos abre las heridas que ya habían cicatrizado? El nadador en el mar secreto puede ser una herida, porque de la misma forma en que la vida te golpea, lo hace este libro. Pero a la vez es un ejercicio en la que una caricia puede abrirse paso entre las líneas que, tras noventa páginas, nos descubren esa sensación de que hasta en el infinito peor momento, encontramos algo que nos ancle a aquello que vivimos, que sentimos, que compartimos, prefiriendo ver que el día termina, que las noches se suceden y que tras el telón de una obra de teatro que se ha representado y nos ha ordenado no levantarnos de las butacas, volvemos a esos viajes que, al igual que yo, realicé y que ya son diferentes, desde el mismo momento en que William Kotzwinkle entró en ella.

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3 comentarios en El nadador en el mar secreto

  1. Hola

    A este libro hay que llegar siendo familia numerosa.

    Lo acabé ayer y no me ha gustado nada. Ni me ha emocionado mi me he creído nada de lo que he leído. De temas parejos por ejemplo La hora violeta de Sergio del Molino era mucho más potente, creíble, intenso, vibrante.

    Este relato de Kotzwinkle se mueve entre el ambiente montañero y agreste y lo lírico del océano, del mar, del agua, donde el nadador, el niño por venir trata de llegar a tierra firme.

    Los que no sean padres y lean esto igual hasta se creen lo que cuenta Kotzwinkle (no olvidemos que la novela data de 1975) y dedican concentrar todo su amor en una pareja sin descendencia y los que ya sois padres os podéis leer este libro tomando una cerveza, que no se os va a indigestar. Además, el mal trago dura poco, pues para la página 46 ya está todo el pescado vendido y sólo resta esperar al entierro y devolver el libro al fondo del mar, donde se mueves estos personajes de brocha gorda, reducidos a sombras submarinas e inasibles.

    La editorial Navona lo publica en su sección de Los ineludibles. Yo lo he leído, no lo he podido eludir, pero me ha resultado tan aburrido, como convencional. No ha superado la prueba del algodón que para el lector sería como te desmantele por dentro, que te barra, que te deje en un estado febril, que por las noches no puedas conciliar el sueño, que lo leído se convierta en un pensamiento enquistado en tu cerebro. Algo de eso.

    • Sergio Sancor // 27 enero, 2015 en 11:32 // Responder

      Gracias por la opinión y por pasarte a opinar, alquimista. Está claro que, como con todo, las lecturas va en función de los gustos de los lectores. A mí, por ejemplo, me pareció un relato que te deja huella, y en ocasiones me zarandeó, cuestión de gustos, ya te digo.

      No he querido dejar sin publicar la opinión porque me parece vital para el blog ver todos los puntos de vista, pero sí que te pediría, como pequeño favor, que en futuras ocasiones que espero que haya, no pongas spoilers de la obra para que todo el mundo que quiera leer el libro no se encuentra con el argumento destripado.

      Gracias por pasarte, de nuevo

      Sergio

  2. El alquimista del tedio // 27 enero, 2015 en 23:36 // Responder

    Hola Sergio.

    Quizás no debía haber sido tan explícito con el argumento y haberme centrado más en lo que no me ha gustado de la novela, pues como apuntas el argumento así lo destripa.
    Me chocó que la sinópsis no viniera en la contraportada como suele ser habitual, sino en la última página del libro dónde también vienen algunos datos del autor.

    Lo interesante de la novela es que a cada lector, o lectora le atrapa o repele de distinta manera y dependerá de si eres padre o madre, o no lo eres, o si has sufrido una experiencia similar, etcétera.

    Sí, me pasaré de nuevo. Vuestro blog me gusta.

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