El patio inglés

Dos vidas unidas por el silencio

“El patio inglés”, de Gonzalo Garrido

el patio inglesSer padre, y guardar en el interior un secreto que escuece, que a través de las aceras se convierte en algo ácido, en algo que corroe las venas y no deja que sea arrastrado por la lluvia. Ser hijo, adolescencia explotando como un volcán, incertidumbres que se pegan a la suela del zapato, que se agazapa bajo las uñas, que araña la piel y esconde la verdad que no queremos ver y nos queremos negar. Y en ese binomio, en esa línea que ata a las familias, una historia que se quiebra, que se rompe en pedazos, y que convierte un salto al vacío en una conversación, una conversación cegada por los sentidos, sorda en sus formas, monólogos que nunca se encuentran, que se rozan con los dedos pero no logran acariciarse, que usan el mismo idioma pero no logran entenderse, porque aunque padres e hijos, unidos por esos lazos de sangre invisibles, ambos viven del desconocimiento, del no entenderse, del no comprender por qué se ha llegado a una situación como la vivida. El patio inglés viaja entre la juventud desaforada y la madurez que se desinfla, para atraparnos en una pequeña tela de araña en la que, por mucho que lo intentemos, seremos incapaces de soltarnos hasta que no se corte uno de sus hilos, de forma certera, con el cuchillo de la vida.

Un hijo salta al vacío al patio inglés de su casa. Un padre que no entiende las razones por las que su hijo ha cometido ese acto. Dos monólogos que nos harán entender que, en materia de familias, poco importan las palabras, cuando éstas se convierten en secretos.

No esperaba esta reacción. Y no la esperaba por haber leído el anterior libro de Gonzalo Garrido. No es una sensación negativa, nada más lejos de la realidad, sino que ha sido una agradable sorpresa verme envuelto en esta historia que guarda el drama necesario, dadas las circunstancias del argumento, pero que convierte a El patio inglés en una reflexión muy acertada de las tramas que nos unen a nuestra familia y de cómo, en un sencillo momento, puede darse la vuelta absolutamente todo, empezando una guerra disfrazada de paz que convierte a una novela en un pequeño movimiento sísmico, terremoto del que no somos capaces de salir ilesos, y que ofrecen un debate interesante. Mejora, el autor mejora en sus formas, en su contenido, dosificando la información, haciéndonos observar desde lejos las dos vidas truncadas de los protagonistas, la vida de una ciudad como Bilbao que – tocándome muy de cerca – vivió sus años trágicos y sus aceras fueron testigo mudo de lo que (nos) sucedía. ¿Cuál es, entonces, la grieta que nos separa, la que no permite que nos entendamos, que batallemos todos los días, pequeñas guerras entre padres e hijos que acaban por incrustarse en las habitaciones? No lo sé, pero de una cosa estoy seguro: leer esta novela hace que nos lo planteemos.

Un alfabeto trágico que se convierte en la vida de un niño que no creció como debiera. Los números de un padre que con el silencio, que con el miedo, convierte su existencia en una balsa que zozobra en cada uno de sus pasos. El patio inglés consigue que, tras su lectura, tras un capítulo en concreto, reconsideremos todos esos aspectos que hemos leído y que nos demos cuenta de la verdad, de lo que significa una existencia fingida, puede que incluso falsa, cuando a nuestro alrededor la simple quietud puede convertirse en el mayor de los venenos. Un salto al vacío, el de un Pablo que cree haberlo perdido todo, pero que puede considerarse también una forma de reencontrarse, de volver a sentir, de apagar la máquina de sufrimiento, de dolor. Una especie de control frente a lo incontrolable del mundo. Un mecanismo irracional en el que una idea, puede que una sola, se convierta en el detonante de todo lo que viene después. Gonzalo Garrido consigue superarse, ampliar el foco de su capacidad como escritor, olvidando por un instante su anterior incursión en el género policíaco firmando aquí, tras las 157 páginas sobre las que se sustenta la novela, una historia de generaciones, una novela sobre la vida que se pierde en los silencios que guardan verdades, y un libro que golpea, que moviliza, y que nos plantea cuestiones que todos nosotros, en algún momento, nos hemos planteado.

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