Encontrando a Silvia

El amor volando a ras de suelo

Encontrando a Silvia, de Elísabet Benavent

encontrando a silviaNos engañamos. Y lo hacemos con pasos sordos, mientras a nuestro alrededor el ruido de la ciudad se va convirtiendo en una especie de pantalla que intenta sacarnos fuera de la realidad. Pero nos engañamos, digo, con amores imposibles. Y cuando el sufrimiento, agazapado en las plantas de los pies, transforma el primer minuto del amanecer en una lágrima que resbala por la mejilla, nos acurrucamos bajo las sábanas y nos negamos, no decimos que no puede ser, que esto no está sucediendo. Pero el amor duele, anestesia la razón, tirita como un crío pequeño al que le han dejado demasiadas horas en la oscuridad. Nos levantamos, perseguimos el destino como si pudiéramos tocarlo, sentirlo, mientras se nos va despegando de las manos esa sensación tan clara de estar sumidos en un pequeño pozo. Nos engañamos, tan ciegos que no seremos capaces de notar que, en un latido, es posible guardar cada palabra, cada pensamiento, cada emoción que los labios del otro, de ese que se aleja a pasos agigantados, nos han hecho sentir. Así que, ¿cuándo nos encontramos a nosotros mismos? ¿cuál es el punto de quiebre, el siguiente párrafo de nuestra vida que nos convertirá en protagonistas de nuestra propia historia? Somos héroes, sin poderes, pero héroes en un mundo donde el amor se vende barato, y en esa transacción, en ese cambio entre dinero y amor, nos encontramos una novela que contempla la emoción como debe hacerse, como debe sentirse, como debe, en definitiva, vivirse: Encontrando a Silvia, o como las palabras pueden suponer un reflejo de la vida, o de la bruta realidad que, entre sollozos, va convirtiendo nuestros pasos en, por fin, sonido.

Silvia se ha ido con Gabriel a empezar una nueva vida. Alejada de Álvaro comienza a vivir. Pero parece que la felicidad perfecta es una meta inalcanzable y sus peores temores parecen estar haciéndose realidad. ¿Cuándo llegará Silvia a encontrarse alguna vez?

Nos conocemos, o eso pensamos, cuando las historias van cayendo en nuestras manos, cuando los libros se abren y nos descubren, como efecto de una bofetada mayúscula, que lo que nos creíamos no lo somos, y que, por muchas veces que lo intentemos, no terminaremos por saber cómo somos por entero. Recuerdo un café con leche, una cucharilla que se removía, y un chico que dejaba que todo se enfriara mientras leía Encontrando a Silvia. La realidad, en ocasiones, juega duro con las emociones de las personas, las estruja como si fueran papel, o las moldea como quiere. Vivo las emociones que me hace sentir Elísabet Benavent con una mezcla de estupefacción – ha conseguido que llore con este libro, cuando me cuesta hacerlo a través de las páginas – y la sorpresa que, como si fuera un niño pequeño, surge al terminar un capítulo y convencerme a mí mismo que no puedo haber leído lo que acabo de leer. El tiempo planea sobre nuestras cabezas, siempre, tan rápido que muchas veces no se nos permite disfrutar con total libertad. ¿Por qué, entonces, con esta última novela de la autora he terminado por romper las cadenas que me ataban a la rutina? ¿Cuál es la razón por la que el pecho se paraliza y convierte la respiración en una lágrima que se escapa, huidiza, hasta llegar a mi boca, con su sabor salado y tantos recuerdos agolpados en su líquido? No la sé, yo sólo las siento.

Sorprende la capacidad de Elísabet Benavent de superarse con cada letra, en cada párrafo, con la dosis justa de sonrisa, sexo y lágrimas que, como en un cóctel servido en frío en el mejor de los bares de la ciudad, nos traspasa la garganta y nos ancla al terreno, planta su gravedad en nuestros pies. ¿Nos engañamos? Sí, pero hay golpes como los que da Encontrando a Silvia que son imposibles de evitar. Recuerdo también a un chico que entra en casa, que va a su cuarto, se tumba en la cama y observa lo que le rodea, sin reconocerlo demasiado. Los recuerdos se agolpan, las imágenes de momentos olvidados vuelven con fuerza, y el temblor de un cuerpo aparece para indicar que lo importante, lo verdaderamente importante, ha sido el viaje, lo aprendido, lo soñado, lo deseado, o incluso lo perdido. Somos fruto de nuestras decisiones, de la vida que se cuela por las ranuras inesperadas del tiempo, esa vida que nos da el amor, por mucho que intentemos evitarlo. Y eso, esa especie de aliento que sobrepasa las páginas, lo da ella, la autora, que imprime el carácter, que imprime la pasión, o la simple cuota de desequilibrio en el lector, provocando que ya nada más importe.

Nos engañamos, pero no por mucho tiempo. Al fin y al cabo, cuando uno lee un libro como este, no sale indemne de comprender que, tras nuestros pasos, las huellas que dejamos nos delatarán. Somos así, pero seguimos caminando. Como Silvia. Siempre.

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4 comentarios en Encontrando a Silvia

  1. Me ha encantado la reseña. Los libros de Silvia, sobre todo este, despiertan cosas que se pierden en el día a día entre banalidades.
    Yo no lloré con Silvia, la verdad. También es verdad que no lloro mucho con nada, pero así como casi siempre me leo un par de veces los libros que me han gustado mucho, todavía no lo he podido hacer con estos (que empecé el mismo día que salieron) porque se que van a volver a dejarme el alma del revés y no estoy preparada. Enhorabuena a Elisabet por haberlo parido, porque eso sale de las entrañas, sin duda. ¡Me enrollo tanto! Mucha suerte Sergio Sancor en el nuevo blog.

    • Gracias Raquel. Qué bien que te haya gustado la reseña :-)

      Yo necesitaría tiempo también para releer los libros. Reposaré lo vivido y ya veremos si, en algún momento, en el futuro vuelvo a poner en mis manos a Silvia, Valeria o lo que se tercie de la autora :-)

      Saludos!

  2. Patricia Fernández // 4 noviembre, 2014 en 14:46 // Responder

    Fantástica la reseña de encontando a Silvia.no se muy bien como,pero creo que estabas dentro de mi cuando me leí el libro(ji ji).yo si llore, mucho.jamas he sentido tanto con un libro como con este.jamás he pasado las páginas con tal nudo en mi garganta que casi me impide respirar.creo que Elisabet benavent tiene una manera única y especial de escribir.sin duda para mi,nada de lo que he leído o leo esta a la altura de todos sus libros.
    Gracias por la reseña.

    • Gracias por pasarte a comentar y por lo que dices que te pareció la reseña :-) Es un honor. Y sí, Elísabet tiene una forma muy especial de escribir.

      Un saludo!

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