La joven durmiente y el huso

Pinchémonos con el huso

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“La joven durmiente y el huso”, de Neil Gaiman

Ilustrado por Chris Riddell

joven-durmiente-y-el-husoNadie puede evitar pincharse con el huso. De la misma forma, nadie puede evitar quedarse prendado, enamorado, absorto, maravillado, y cualquier adjetivo que indique un éxtasis parecidos a los de las obras de arte, cuando tiene en sus manos La joven durmiente y el huso porque eso es así, casi como una verdad absoluta – aunque yo crea poco en ellas – y que nos viene a dar la razón a todos aquellos que somos seguidores de (casi) todo lo que haga Neil Gaiman. Y en ese ir y venir de no poder evitar ciertas obsesiones, resulta que llega esta nueva maravilla y yo me la devoro en treinta minutos, en lo que uno tarda en tomar un café con cualquier amigo, sólo que la experiencia se convierte en algo asombroso y no en un intentar salvar el mundo – o estropearlo todavía más -. ¿Que qué quiero decir con todo esto? Pues lo lógico y natural en estas situaciones: que a pesar de la corta extensión del libro, que a pesar de que uno tenga la sensación de haber entrado en un corto descanso, es aquí donde tendríamos que habernos quedado durante un tiempo, el necesario, no más, para deleitarse con las ilustraciones de Chris Riddell y con la historia que, recordándonos a un cuento que todos conocemos desde que éramos pequeños, consigue llevarnos a qué sucede tiempo después, cuando ya todo conjuro ha sido roto y la vida sigue, aunque sea en un letargo lo suficientemente largo como para que tengamos que tomar cartas en el asunto.

Este es un relato sin nombres. Porque los nombres dan poder a quien los sabe. Pero este es un relato sobre la magia, sobre un reino que sufre una epidemia de sueño, y en el que una reina, que ya ha padecido en sus carnes dicha epidemia, se enfrentará a lo que en principio cree que es obra de una bruja, y que entenderá que las apariencias siempre, siempre, engañan.

Ilustración de Chris Riddell para "La joven durmiente y el huso"

Ilustración de Chris Riddell para “La joven durmiente y el huso”

¿Qué se entiende hoy en día por un libro ilustrado para adultos? Cualquiera que haya paseado un poco – y no creo que sólo un poco lo hagáis aquellos que nos leéis – por una librería, os habréis encontrado cada vez más con historias que ofrecen una forma distinta de poder experimentar con los libros. No es algo nuevo, pero sí se observa que, de un tiempo a esta parte, las historias ilustradas son del agrado de cada vez más público. Por lo tanto, no es de extrañar que el que suscribe haya terminado por alegrarse infinitamente cuando la nueva creación de Neil Gaiman llegó a mis manos. Con ecos de La bella durmiente, este autor consigue darle una vuelta de tuerca y muestra al lector qué es lo que sucede después de los acontecimientos que tantas noches – y días – han llenado los personajes que en el clásico aparecen. Pero como no podía ser de otra manera, lo hace arropado por esa negrura y esa visión un tanto siniestra de la que hace gala en cada una de sus obras. No esperemos encontrarnos, por tanto, a damiselas en apuros porque aquí, la reina, es una mujer que lucha por sí misma, que utiliza la espada allá donde haga falta y que no tiembla a la hora de solucionar el problema al que tiene que poner fin. Los personajes de sus historias – acompañadas en este caso por un gran Chris Riddell que le da el toque perfecto a la visión de Gaiman – son seres que viven en un mundo mágico, cierto, pero que paradójicamente parecen extremadamente reales. Desde los enanos hasta la mujer que guarda el cuerpo de una joven, todos y cada uno de ellos podemos imaginárnoslos a la perfección y eso pocas veces puede decirse.

Hay que aceptar que yo siento admiración por Neil Gaiman y que, además, no la escondo. Es posible que, como autor, sea a uno de los pocos que sigo con la convicción de que, se meta en el charco que quiera meterse, tendré mi momento para leerle. La joven durmiente y el huso es una aproximación al mundo que lleva detrás el autor, pero sin duda alguna es uno de esos lugares donde yo querría quedarme a vivir. Bien sea por las ilustraciones, bien sea por la historia, bien sea porque caigo una y otra vez en las historias ilustradas, lo que de verdad importa es el divertimento, la capacidad de la imaginación, la de crear un mundo nuevo en un universo que ya conocemos, que parezca diferente, que sorprenda, que nos haga ilusionarnos por pensar, de nuevo, que nada está contado y que siempre, absolutamente siempre, seremos capaces de descubrir algo distinto cada vez que abramos un libro.

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1 comentario en La joven durmiente y el huso

  1. Lo tengo pedido. ¡Ahora me dejas con más ganas de que llegue!

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