Monstruario

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“Monstruario”, de Àngels Navarro

Ilustrado por Eva Sans

monstruarioLos que cada sábado os asomáis a esta sección dedicada a la literatura infantil – juvenil, ya conocéis a mi sobrino. Es él el que decide en muchas ocasiones qué lecturas le apetecen y qué momento es el adecuado para que un libro convierta una tarde aburrida en algo completamente diferente. Pero para aquellos que no lo conocéis, os diré que ha empezado a tener miedo a los monstruos. Cree que se esconden debajo de su cama y uno intenta hacerle ver que los monstruos que pueden esconderse ahí, no son malos, sino que simplemente son un poco tímidos. De nada sirve decirle que no existen, él los ves, y nada podrá hacerle cambiar de opinión. Quizá por eso, cuando tuve en mis manos Monstruario supe que mi sobrino, al verlo, querría leerlo conmigo, abrirlo conmigo, y compartir su miedo conmigo porque, ya se sabe, e incluso desde que somos pequeños, que el miedo es mucho menor si lo compartimos.

No es un libro de terror. Eso que quede claro. Y en él aparecen monstruos. Eso sí que es cierto. Y Àngels Navarro ha vuelto a crear uno de esos libros que hacen que los niños vean un libro como una experiencia diferente con el que, una vez abierto, pueden encontrarse las cosas más divertidas que se hubieran pensado. Monstruario nos enseña quién es quién en este mundo de los monstruos, pero también nos propone pasatiempos y actividades para que los pequeños puedan descubrir el mundo de los monstruos, pero desde ese lado en el que la diversión hace acto de presencia y ya no logra irse nunca de una simple habitación que, del blanco de sus paredes, ha pasado a convertirse en una especie de paleta de colores de distintas intensidades. Y esto es obvio: dicha reflexión no la hace mi sobrino, sino yo. Él sólo se fija, con esos ojos marrones tan grandes y tan abiertos, en las ilustraciones y los juegos que los monstruos, ese enemigo en la sombra que empieza a convertirse en amigo, están a punto de proponerle.

Aquellos que me conocen saben que disfruto de estos momentos en los que mi sobrino empieza a entender lo que pueden depararle los libros. Monstruario, ilustrado a la perfección por Eva Sans, no es una historia, no es un cuento, no es siquiera uno de esos álbumes ilustrados donde se nos cuenta un argumento con su principio y final. Estamos, por tanto, ante un momento en el que leer puede llegar a convertirse en algo más, en pasatiempos, en juegos sin cesar entre los que dejar volar las horas – y la imaginación -, y por último, pero no menos importante, un momento para compartir y no dejar a un lado la lectura con la excusa barata de “es que eso es para niños”. Sí, lo es, pero eso no quiere decir que tengamos que convertir la lectura en un acto solitario, sino que debiera convertirse, desde la más tierna infancia, en un camino que recorrer uno al lado del otro. Todo lo demás no es importante.

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