Signor Hoffman

Un viaje. Muchos viajes. Toda la historia.

“Signor Hoffman”, de Eduardo Halfon

signor-hoffmanComprometerse con la escritura es lo mismo que comprometerse con la vida. O negarla. O, si nos ponemos más existencialistas todavía, es lo mismo que embarcarnos en un viaje del que sabremos donde empieza pero nunca dónde terminaremos. Un recorrido que, como un salto sin red al vacío, invierte las reglas de la gravedad y con cada paso nos aleja todavía más de los espacios que habíamos creado cuando empezábamos a escribir, digo vivir, como si no alcanzáramos a entender que, en cierta forma, escribir es un acto de hacernos daño. En uno de los relatos que aparece en Signor Hoffman el autor se pregunta “¿Qué buscaba, en realidad?” y es en ese proceso de descubrimiento, o de la pura negación del mismo, del no querer saber o del pensar que no sabemos dónde nos encontramos, es ahí mismo, donde los relatos de Eduardo Halfon juegan a mostrar el viaje como una extensión del cuerpo, de nuestras ideas, de nuestros sentimientos, como si con cada kilómetro una parte de nosotros se fundiera con los recuerdos o con nuestra imaginación. Una fuerza que, desviándose de las matemáticas más clásicas y de ese encorsetamiento que dan las soluciones que no se salen de la norma, convierte la experiencia de leer en un acercamiento a vidas ajenas o incluso vidas universales, aquéllas por desconocimiento, las otras por rasgos comunes, donde un medio de transporte, una puerta abierta, o un simple mirar de reojo a quien nos ayuda, es la diferencia entre ser o permanecer.

Vuelvo al relato por enésima vez. Y vuelvo a través de la recomendación de otro librero (Librero al Rescate es su nombre en las redes sociales) que colgó una foto de este libro y me vi en la necesidad de tenerlo. Había varios elementos que me hicieron decidirme: recomendación acertada con total seguridad, una editorial que nunca me ha defraudado, y un autor desconocido del que quería conocerlo todo. Hay veces que la literatura, el simple hecho de buscar un libro, se convierte en un viaje que, como un camino lleno de imperfecciones, te arrastra hacia aquellas obras que no te esperabas. Signor Hoffman es parte de un proyecto que Eduardo Halfon ha creado, pero que a su vez puede disfrutarse por separado. Yo, al menos, no he descubierto en sus páginas huecos donde mi experiencia se convirtiera en desconocimiento. Y es que uno entiende que la lectura debe convertirse en eso, en una sucesión de páginas que te convierten en otra persona, en el propio viajero, cuando el simple olor de una comida o el desconcierto del protagonista se pega a tus manos y a tu cuerpo de la misma forma o, si se me permite, de una forma mucho más extrema, como si mudáramos la piel y tuviéramos que hacer frente a esos recuerdos que no son nuestros. Así, de los polos opuestos, de lo urbano a lo rural, del viaje propiamente dicho, el que nos mueve hacia fuera, al otro viaje más importante, el que nos mueve por dentro, comprobamos que en cada uno de los relatos – seis en total – no seremos nosotros por un espacio de tiempo (maldita sea) acotado.

Hablar de viajes es hacerlo de una realidad que no lo es. O puede que sí, y los recuerdos se superpongan en para construir una verdad diferente de la que creíamos veraz e incluso física. Signor Hoffman es muchos viajes, pero también es uno solo. Esto puede parecer contradictorio, pero no lo es en absoluto. Es muchos por los diferentes lugares, pero es una solo por la vivencia en un mismo cuerpo. Cavafis dijo, si mi memoria no me falla y las palabras se han quedado establecidas en mi mente de una forma fidedigna (aunque qué memoria lo es), “la ciudad que aquí has destruido, la has destruido en toda la Tierra” y así es como en un simple instante nos damos cuenta que a pesar del número de lugares, una línea invisible los une para conforman una historia, una memoria, un recuerdo que permanece y que convierte al viajero en un historiador, o tal vez en un Historiador, donde esa letra mayúscula marca la diferencia de las dos historias, la intra y la lejana, la que se escribe con tinta y nos llega en libro, como lo ha hecho a la perfección Eduardo Halfon, como lo habrá hecho ya en sus anteriores volúmenes de este proyecto que, ya, me dispongo a ver reposados en mi estantería, o quizás esperen inquietos a que esos viajes, esos recuerdos, esas invenciones, cuenten otra historia que, al final, resulte ser la mía también, incluso la de todos.

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2 comentarios en Signor Hoffman

  1. Mmm, dices pero sin decir. Estás muy misterioso hoy …
    Besitos.

    • Creo que, con este libro Esther, es mejor lo que se dice sin decir apenas. Me parece más interesante hablar de la emoción que produce la lectura que del contenido que, de otra forma, me parecería estar enseñando detalles que cada uno tiene que descubrir por sí mismos.
      Besos!

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