Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño

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“Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño”, de Ana Belén Rivero

somos-pobres-en-euros¡Sí! ¡Estáis a punto de leer una reseña sobre un libro que habla de coños! ¡Así, a lo bonzo! ¡Y os va a hablar de él un hombre! ¡Un hombre! ¡Que yo sé lo que os está pasando por la cabeza! ¿Un tío hablando de coños? ¿Éste qué va a saber? Y algo de razón tendréis, pero oye, yo veo un libro que me llama la atención – llámese libro, llámese cómic, llámese X como en las películas porno – y ya está el lío formado. Y eso que reconozco que, cuando vi en la tienda Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño me dije a mí mismo: no, Sergio, no lo cojas, que esto es un frikada de las tuyas, que nos conocemos, que luego te vas a empezar a reír en casa y tus compañeras de piso van a pensar mal de ti. Pero como yo hago poco caso a la voz de mi sentido común, me lo llevé a casa, me tumbé en la cama, me puse cómodo con mi pijama de cuadros de franela – olvidad esa imagen mental que os estáis creando ahora mismo – y sí, es cierto, me reí, me reí de lo lindo. Y lo hice por varias razones, pero oye, eh, que esto no lo voy a contar ya desde el principio. Que de lo que aquí se trata es de leer la reseña, en-te-ri-ta, y ya luego decidís si os merece la pena comprarlo o no, que yo os diría que sí, sin pensarlo, como cuando hacemos un sitehevistonomeacuerdo que se nos da de vicio, pues así de rápido. Alargar la mano, cogerlo, pagarlo – importante – y después os queda lo más emocionante: disfrutarlo.

Cuando uno tiene que plantearse hablar de un libro como el que nos ha creado Ana Belén Rivero puede hacerlo de dos maneras distintas: ciñéndose al apartado de lo que nos cuenta y cómo lo hace – buuuuuu, aburrido – o contando más o menos lo que ha sucedido al ir pasando las páginas – bieeeeen, viva, Sergio nos va a contar chismes -. Así que como yo tiendo a irme siempre por las ramas, resulta que uno abre Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño y piensa que quizá, lo más importante en este momento, no es pensar en si la técnica es buena o no – que lo es, por otra parte, porque hay algunos dibujos de la autora que me han parecido impecables – o si las historietas sobre coños tienen o no un halo surrealista que enganche – que lo tiene, vaya si lo tiene, e incluso diría que de halo pasa a huracán porque hay momentos en los que se llega a un nivel tal que me imaginaba hablando de ello entre amigos y amigas, riéndonos de cómo, por fin, alguien se atreve a decir la palabra mágica – coño, coño, coño, coño – sin ningún tipo de pudor. Pero como decía, lo más importante es que sabes ya, desde el título, que lo que se pretende con este cómic, con estas viñetas, es divertirnos. Alejaos pues todo aquel que pretendiera encontrar una lectura sesuda y con intelectualidades por doquier, lleno de frases que se convertirán en caldo de cultivo para críticas destructivas por parte de críticos no menos construidos. Aquí hemos venido a reírnos señores y señoras, y si no entendéis eso es que no habéis entendido nada.

Y sí, os lo dice un hombre. Y sí, es cierto, para qué os voy a engañar yo a estas alturas, algunas de las coñas que Ana Belén Rivero mete en el libro no he acabado de entenderlas por no tener, precisamente, coño y porque mi experiencia con momentos tampón, compresa o depilación no es demasiado elevada y qué queréis, uno tampoco puede saber de todo en esta vida, pero el caso es que Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño es como un viaje por un bosque frondoso – guiño, guiño – donde al ir apartando la maleza – más guiños, infinitos guiños, millones de guiños – vamos descubriendo que en esto de los coños, en esto de poder hacer humor de algo que parece demasiado sacralizado, en esto de hacer reír, de conseguirlo, de crear una obra que supere por una puñetera vez la barrera del sector editorial y venda sin necesidad de depender de nadie, todavía existen casos como éste que consiguen todo esto y que, además, lo convierten en algo que merece realmente la pena. ¡Yo ya soy fan de la loca del coño! ¿Y vosotros, a qué esperáis?

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1 comentario en Somos pobres en euros pero ricos en pelos de coño

  1. Un montón de días sin pasarme por mi blog ni el tuyo y veo este título.. jajajja. Gracias, en serio, me he partido de risa.
    Un besote

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