Subsuelo

Lo que escondemos

Subsuelo-portada

“Subsuelo”, de Marcelo Luján

SubsueloHay sensaciones violentas. Emociones que revuelven cada célula; que son capaces, casi, de cambiar el ADN de cada uno de nosotros, transformar el código lector, que convierten frases en sentencias llenas de muerte y venganza. Hay novelas que, a cada golpe, provocan heridas que cicatrizarán de mala manera, como las grietas que se intentan arreglar en una casa, que permanecerán ahí, tras las reformas, clamando por volver a sangrar ante el más mínimo recuerdo. Hay autores, por tanto, que son ese tipo de asesinos sin piedad que introducen el arma, sus letras, y no nos permiten descansar por mucho que nuestro cuerpo se encuentre ya arrasado. Marcelo Luján nos entrega una novela llena de malas intenciones, de bajezas morales y silencios tóxicos, contaminantes, que convierten la realidad en un juego macabro y perverso. Y lo hace de tal forma que, siendo espectadores de todo ello, no podamos abandonar la mirada y sigamos caminando por un sendero plagado de minas, de miradas de reojo que se buscan y esconden aquellos secretos que jamás saldrán de la garganta. Una obra dura, física, violenta, como el sonido que queda tras la explosión de una bomba, de la que no ha quedado absolutamente nada a su alrededor.

La vida en un parcela. Una familia que ya no lo es. Un pantano y dos mellizos que guardan en su interior una relación regada por el chantaje. Un pasado que no tendrá futuro. Las hormigas dispuestas a devorarlo todo, hasta la humanidad. Y un accidente, un engaño, que será el motivo por el que todos tengamos que callar.

Me hablaron de Subsuelo. Leí varias reseñas. Las estudié a conciencia. Y en realidad no quise creérmelas del todo porque alguna que otra vez ya he sentido que me habían engañado. Pero no lo pude evitar. O quizás es que no quise evitarlo. No lo sé. En cualquier caso, cuando empecé a leer la nueva novela de Marcelo Luján supe que estaba ante algo diferente. No supe ponerle otro nombre. Diferente. Quizás por la fuerza de su narrador, puede que por la aparición de sus escenas sin esperarlas, o a lo mejor es simplemente que el conjunto, el puzzle que conforma cada una de las piezas de este rompecabezas están tan bien construidos que la evidencia es clara: estamos ante una de las mejores novelas de este año. El autor sabe poner el foco en todos esos puntos oscuros que poseemos los seres humanos, y crear una historia en la que cada uno de sus personajes deben esconderse de sí mismos, y en la que la tensión es el nexo de unión entre todas las partes de este juego lleno de perversión y juego sucio. Y es que a veces, la realidad es tan dura, que son las novelas las que nos enseñan todo en lo que puede convertirse.

Claro que a nadie le importa dónde aparecen los muertos (pag. 208)

Un estilo que se mueve a caballo entre el presente y el pasado, mostrándonos flashbacks de lo que sucedió y ha permanecido en silencio hasta que Marcelo Luján decide sacarlo a la luz. Y es en esos instantes, en ese ir descubriendo el entramado de historias que se cruzan como una madeja, donde Subsuelo se la juega de verdad, y consigue que el simple paso por la piel de una hormiga pueda resultar escalofriante, que la familia se convierta en el núcleo más enfermo de todos, que un accidente lleve en su interior los remordimientos y la muerte de la mano, y que no podamos evitar seguir mirando, mientras vemos cómo es posible que la sangre, reseca por las inclemencias del tiempo, no desaparecerá de la memoria. No es cierto, por tanto, que todos seamos iguales ante la muerte, que los paisajes en apariencia bucólicos no guarden en su interior la miseria que todos nos guardamos en todos nuestros órganos. Porque la verdad es que aquí, en este novela, en esta experiencia extrema, ser, permanecer, existir, reconocerse, es un juego al que no querríamos jugar. Al final, las hormigas volverán a su hormiguero, su casa, cuando ya nada importe, cuando hayan observado cómo la destrucción vendrá de nosotros mismos por el deseo y el silencio, siempre el jodido silencio.

No fue la noche. 

Ni el verano ni el hielo 

Ni los altos árboles que todo lo ven. 

No. No fue nada de eso (pag. 11)

Y yo añadiría

Fuimos nosotros.

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2 comentarios en Subsuelo

  1. Puuffff, lo primero. Me gusta leerte, me encantan tus reseñas.
    Lo segundo, ¡se me la erizado la piel! Me lo apunto, me lo apunto para leerlo cuanto antes. “Fuimos nosostros”, buaaaaaaaaa. Nada más que añadir.
    Besos.

    • ¡Gracias por esas palabras “Buscando mi equilibrio” (a falta de saber tu nombre real, jeje).
      La verdad que “Subsuelo” ha sido una de esas novelas que te dejan en silencio. Buenísima de verdad.
      ¡Un saludo!

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