Unahistoria

La línea difusa entre la vida y la muerte

“Unahistoria”, de Gipi

unahistoriaUn acto, tan sencillo, tan en apariencia inofensivo como cerrar los ojos, puede llevar en su interior un conflicto tan antiguo como el de la vida y la muerte, como si un hilo que ya se dibuja indefenso convierta lo que vivimos en recuerdos que duelen y en locura, ese cansancio de la mente que agota los instintos. Pero además, en ese pequeño gesto, puede contenerse una novela gráfica como la que hoy llega al blog, y resucitar en un segundo viejos fantasmas, guerras interminables, y dolencias que al observarlas tras la lupa de la cordura, no parecen tocarnos de cerca, pero en realidad pueden ser vividas por todos. Una recreación de dos edades, dos épocas trágicas para cada uno de los personajes, y ese sentimiento de vacío ante el silencio y la desesperación, ante la mirada que no comprende y sí juzga, lo hace para arrebatarnos lo que sentimos. Con un aire de madeja enloquecida, de palabras que se retuercen como las ramas de un árbol que allá, a lo lejos, es como un espejo que reproduce todos aquellos defectos. Es, por tanto, un lugar, un escenario, donde incluso el barro habla, donde la niebla que recubre el paisaje conversa, y donde, a través de trazos que, en apariencia, parecen hechos al azar, guardan en sus líneas el significado de la oscuridad que encierra la vida o que encierra, por defecto, la muerte.

Un hombre, en estado de confusión es encontrado en la playa. Trasladado a un hospital psiquiátrico comprobaremos cómo las cartas de su bisabuelo, motivo de obsesión, han logrado unir las dos edades, convirtiendo las vidas de dos personas en una sola historia.

Las palabras de Gipi, autor de esta obra, demuestran por qué tras cinco años de ausencia en el mundo de la novela gráfica vuelve con este título para endulzar prácticamente todos los sentidos, a los lectores. Y digo endulzar sí, a pesar de que Unahistoria contenga el drama suficiente para no parecer una historia tierna, porque uno es capaz de perderse en las imágenes que acompañan el texto, atravesando los matices del color negro o el naranja, perfecta contraposición de tonos, no elegidos sin razón, unidos por los dos protagonistas en un ejercicio de guerra y de paz, de luz y oscuridad, de vida y de muerte, de locura y realidad, ya que la cordura nunca puede definirse. Perfecta en el trayecto en el que conocemos a Silvano Landi, un autor de éxito que no se reconoce ni a sí mismo, dura y cruel en la descripción de Mauro, combatiente en la Primera Guerra Mundial, que lucha por la vida cuando a su alrededor lo único que tenía nombre eran las balas y un ejército enemigo que, tras un uniforme, no hablaba y sólo disparaba. Pero ahí, en el fondo, jugamos a traspasar las páginas y darnos cuenta de los errores – mención especial requiere la relación entre hija y padre, en especial la escena en la que conversan en el coche – o de cómo nuestras propias obsesiones pueden llevarnos a olvidar que las habitaciones que nos protegen son las que vivimos, y que la familia que nos define, son meros elementos en un mosaico bastante difuminado.

Unahistoria dibuja las líneas que nos unen de una forma desordenada, como una conversación sin mensajes importantes, donde las palabras se unen formando diálogos sin sentido, en el que unos pocos son los que nos doblegan y otros las víctimas que, observando desde la ventana, reviven una y otra vez lo que ellos pensaron que era cierto. La verdad, eso que todos buscamos. Y que Gipi tan bien construye, envolviéndonos en esa sensación absurda de la vida, de lo que es real y no lo es, de una imagen con la que soñamos y a la que esperamos, una simple escena que se repite una y otra vez, que se bifurca, que se retuerce, que se enlaza entre los dedos y echa raíces, nos incrusta en el suelo, nos alimenta del suelo, y que tiene en su interior la voz pastosa y el olor a psiquiátrico, a confusión, a ideas que sobrepasan esa linde en la que el precipicio asoma y que nos llama para saltar. Dos épocas y dos fantasmas, que conviven en un mismo lugar pero que nos descubren mensajes diferentes. Vivir o morir, los dos lados opuestos de una misma línea que, convertida en novela gráfica, nos recuerda, incansable, porque escribir historias se convierte en tan necesario. Y leerlas, mucho más.

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