Vil y miserable

Lucien, ¿demonio o persona?

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“Vil y miserable”, de Samuel Cantin

vil-miserableNo es fácil llegar a ser un demonio en toda regla, y sino que se lo digan a Lucien. Vosotros no le conocéis, de eso soy consciente, pero si hubierais echado un vistazo a lo que yo he leído en Vil y miserable de seguro que cambiaría vuestro concepto de lo que es estar en el infierno. Bueno, de acuerdo, puede que lo que aquí aparece sea un infierno que conocemos todos porque es la vida real, pero no es lo mismo que seamos humanos viviendo el día a día que un demonio que, además de ya no vivir en su hábitat natural, resulta que es un librero de los buenos al que nadie hace ni puto caso y que, además, odia a sus compañeros de trabajo. Porque sí, Lucien ama los libros, en concreto los libros usados que son los que él vende, pero que a nadie interesan una mierda, más allá de usar la oferta de comprar un coche usado y que te regalen algún clásico. Cuatro ruedas con regalo de compensación. Y es que al final la vida puede llegar a ser una mierda, aburrida, generando un odio visceral por el género humano, pero si Lucien puede vivir en él, ¿por qué no nosotros? Al fin y al cabo, ¿no estamos demasiado acostumbrados a vivir en lo que creemos que es el cielo para que después nos demos cuenta que no hay nada? Pues al menos riámonos de nuestras miserias, que para todo lo demás ya está la política.

Empecé esta novela gráfica por un motivo: su personaje amaba los libros. Sí, es cierto, en su contraportada no lo decía pero yo sabía que era así. El segundo motivo fue la génesis del personaje: es un demonio, de acuerdo, eso lo hemos visto en otras muchas historias; lo que no hemos visto – o al menos yo no – es a uno que odie a la humanidad y se refugie en la literatura para olvidarse que el mundo está lleno de gente mierda. El tercer motivo, y uno de los más importantes, es que venía editado por La cúpula y yo, sin ánimo de hacer la pelota a nadie porque suele dárseme fatal, toda aquella publicación que sacan debo leerla. Es una obligación. Nada más y nada menos. Y lo primero que me encuentro es una historia divertida, con muy mala leche, con un humor negro brutal y con una falta de corrección política que se agradece. Aquí a las cosas se les llama por su nombres y si hay un psiquiatra que está tirándose a su secretaria, que no es precisamente mayor de edad, para darnos en la cara con la vergüenza ajena más evidente, pues se dice. Que la verdad está para contarse y no andarse con tonterías. Por eso Samuel Cantin me ha gustado tanto en esta primera experiencia. Por eso y porque Lucien me parece un personaje a conocer por todos aquellos que, lectores al otro lado de la pantalla, amen la literatura como yo lo hago. Y porque es una demonio, qué narices.

Lo más importante a la hora de abrir Vil y miserable es tener claro que hay una palabra que sobrevuela toda la obra: diversión. No nos pongamos elitistas y pensemos que todas las lecturas tienen que aportar algo a nuestra alma de intelectuales de pacotilla. No, esa no es la verdad. Porque hay ocasiones en las que se te presenta una historia que te divierte tanto, que no pretende más que acercarte a un escenario tan cutre como real, que apartamos a un lado nuestro momento porculero y nos entregamos de lleno a la indescriptible sensación de reírse, sacar la risa de una garganta demasiado atascada o de simplemente descojonarte de todo lo que te rodea con cada una de las situaciones que le suceden a Lucien – memorable el momento cita a ciegas, o el momento en el que el compañero del personaje deja un libro en “mala posición” -. ¿Es Samuel Cantin alguien atrevido? Partamos de la base de que yo creo que, hoy en día, todo aquel que publica es, por definición arriesgado. Pero a él se le nota que disfruta con lo que hace y con lo que nos cuenta, y eso es de agradecer. ¿Puede que en ocasiones su historia no tenga sentido? Es perfecto, porque no lo pretende. ¿Es importante hoy en día no prejuzgar las lecturas y permitirnos desbarrar con una historia gamberra? No es sólo que sea importante sino que además, me atrevería a decir que es una necesidad. Y dará lo mismo que seamos humanos o meros demonios que no han follado en cuarenta años – como Lucien – lo importante es que al cerrar las páginas nos enteremos de una cosa: esa risa que ha salido por la boca es uno de los bienes más preciados cuando una lectura te consiga sacarla.

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1 comentario en Vil y miserable

  1. Ya sabes que no soy de cómic, pero me mola que estés ya de vuelta.
    Muaaaaak

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